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jueves, 14 de julio de 2016

Los días del hombre

No me importan las mujeres
con tetas como flores solares o como manzanas del edén;
un cutis de cerveza o de papel con un haiku escrito.

A mí me importa que al amanecer,
notar en tu aliento el juego de las canciones que nos gustan
o el aliento de un andén de aeropuerto deshabitado.
Sabes que amo los usos que se le puede
dar a la nariz en la cama
una vez que las cosas han sido habladas;
pero ya sabes que no aguanto las estupideces
“que si sabes o no, volar”
La mujer no vuela. En todo caso, le pagas para que se vaya.
¡Las que pretendan seducirme deben saberlo!
Ésta fue la razón para decidir enamorarme
tan locamente, de ti.
¿Qué me importaban tus labios y tus celos?

¿Qué me importaban tus piernas perfectas
y tus miradas llenas de preguntas inseguras?
¡Eres una verdadera puta!
Desde el amanecer follábamos de la cama a la cocina,
follábamos del comedor a la sala.
Follando me preparabas el desayuno, mi traje.
Follando imprimías los itinerarios, las listas de tareas…
¡Con qué impaciencia esperaba que volvieras del mundo
para seguir follando!
Allí en la pantalla, entre el mapa, un punto rojo.
Esa eras tú y a las pocas obligaciones mías,
ya me abrazabas con tus piernas,
para llevarme, follando, a cualquier parte
de nuestro apartamento: suelo, cama, mueble, ducha, bañera.
Durante silencios de neón planeábamos caricias
que nos aproximaran a nuestro propio y privado Edén;
durante horas enteras grabábamos nuestras sesiones
y las colgamos en la nube,
para que en cualquier momento de tregua
ver nuestras hazañas carnales
y de repente, en medio del sonido de caballos de metal
Aterrizábamos uno sobre el otro o con el otro o ante el otro o detrás del otro
y no siempre al final se le debe llamar clímax.
¡Qué delicia tener las estrellas tan ligeras
aunque nos hagan ver una mujer, de vez en cuando!
¡Qué divertido la de pasarse los días viéndonos en la nube…
y pasarnos las noches en una sola folladera!
Después de conocer una mujer como ésta,
¿Puede brindarnos alguna clase de atractivos las mujeres “respetables”?

No hay diferencia entre mujeres que sólo tienen cerebro
y las que solo tienen nalgas.
Yo, que soy incapaz de perseguir
la seducción de una mujer,
no me es posible creer

que pueda hacerse el amor más que follando.

martes, 12 de mayo de 2015

Transformaciones literarias: regalo todos mis libros

#RegaloMisLibros #RegaloLiteratura 

He visto que las bibliotecas se van convirtiendo en espacios llenos de... libros y polvo y oscuridad y alimañas (que además le gustan comerse el papel de los libros) y todo ese conocimiento que en algún momento devoré o devoraron antes o después de mi queda allí, apilado.

Así que he decidido donar mis libros. La única condición es que no pago los envíos. De resto, pidan y si lo tengo, se los regalo.

Es hora que el conocimiento siga rodando.

Rolling Rolling!!

jueves, 2 de abril de 2015

El cine de Bolaño: Películas marcadas a fuego

No, Roberto Bolaño no fue cineasta. No. Pero en su literatura el cine brilla como tantas estrellas distantes que flamean en el aquellos espacios donde discurren sus obras. El cine en Bolaño implica una posibilidad narrativa que se presta bien para contar una historia, un pasaje, o para a través de tal película, explicar algo que ocurre. O llegar a conocer ciertos personajes o circunstancias.

Bolaño menciona en sus novelas muchas películas, pero no me interesan las que existen; sino nombrar las que son pura ficción; o existen y nadie sabe dónde están, existieron y fueron destruidas o aquellas que viven siendo vistas lo suficiente como para no desaparecer, pero no tanto como para mar noticia de su existencia.

Las coordenadas de estas películas quedan fijadas en el cuento incluido en el libro Putas Asesinas“Prefiguración de Lalo Cura” las películas pornográficas de Bittrich, quien es un director alemán, dedicado al cine pornográfico: 

Hecatombe: la pelicula trata de dos chicas, Conni y Mónica, enamoradas de un religioso, que se hace pasar por santo, quien recuerda los buenos tiempos mientras está en la cárcel. En tanto, las dos chicas se tiran a cuatro tipos con pinta de espectros. Como la porno es filmada en casa de Bittrich, se aprovecha el paisaje rural alemán para darle el toque pintoresco apropiado. En medio de la noche, se aparece el beato que estaba preso y se tira a una tal Doris. Una vez que acaban, son vistos desde la casa por las dos chicas, que aplauden y celebran la llegada del tipo, cuya verga que gotea semen es enfocada y fin. 

Kundalini: se trata del velorio de un ganadero. Aparecen los mismos personajes (los cineastas porno suelen usar los mismos actores) en pleno velorio. Conni se para y entra en una habitación donde es asaltada por dos tipos, uno disfrazado de toro y otro de cóndor. Los sujetos le hacen un DP (doble penetración) Mónica y Doris están metiéndose mano en la cocina y deciden irse al establo, donde las espera una cama de sábanas blancas. El santo de la otra pelicula (que se llama pajarito Gómez) aparece aquí y se quiere incorporar en la sesión lésbica; pero no llega pues se cae y se hunde en un mar de mierda de ganado, mientras las mujeres hacen un 69. al rato, el difunto vuelve de entre los muertos, abre los ojos y se levanta, y sale de la tumba; ante el horror y estupefacción de los asistentes. Mientras, la conni pronuncia la palabra Kundalini y salen huyendo de inmediato y queda abandonado Gómez, cuyo cuerpo está ennegrecido por la mierda. fin.  

Impluvio: en esta, comienza con dos mendigos que van caminando por la calle, cargando cada uno un saco lleno de cachivaches (claro, los mendigos son de verdad mendigos) de repente, se topan con la casa de Bittrich, en cuyo patio está Mónica, amarrada con cadenas, de pie y desnuda. Los mendigos llegan y vacían sus bolsas, que están llenas de artefactos sexuales. Escogen unas máscaras que tienen tremendos falos, como cuernos de unicornios. La penetran DP. La escena es exigente. Luego, terminan, se van por una calle de tierra y Mónica aparece llorando. Luego, sale ella en una calle de Medellín, donde llega a una casa donde hay una orgía, en donde están Conni y Doris. Se incorpora. Pajarito Gómez está descansando, semidesnudo, mientras otro carajo, en otro catre, se hace la paja. Al atardecer, termina la orgía y todos se van, salvo las chicas, que son llevadas por el dueño de la casa, que les va a enseñar su posesión más valiosa: un jardín techado y con cristales, y de refilón, llegan a una piscina con forma de ataúd. Allí son invitadas a verla, ellas contemplan sus rostros en el agua. Los mendigos aparecen en una calle de un puerto, caminando, mientras la música, plena de percusión se vuelve siniestra, premonitoria y termina la peli con el estallido de una tormenta. 

El ciclo se acaba con El barquero: Latinoamérica después de la tercera guerra mundial. Las chicas van deambulando de pueblo en pueblo, buscando lo que sea, sobre todo comida, entre las ruinas y los basureros. En uno de esos lugares, hay un bar, que está al borde de un río, en cuya ribera está un tipo jugando cartas. Es famoso por su juego. Las tipas entran al bar. Comienza la rumba. Terminan tirando con todo el mundo. Pasa el tiempo y la orgía sigue, junto a la miseria. El ambiente se tensa. Pajarito sigue despachando a los adversarios. El hambre y la violencia arrasan; pero en el bar de mala muerte, sigue la orgía y afuera, continúa el juego. En medio del delirio, terminan disfrazando a las tipas de gallinas y las matan y las cocinan y se las comen. Los huesos son lanzados afuera. La cámara enfoca las cartas del pajarito. Siempre son las mejores. No quedan muchos jugadores. Todo el mundo muere, las cartas están en blanco.

no son estas peliculas una prefiguración del cine porno duro, incluso, del snuff? No son una profecía, una mirada al abismo? No es solo pornografía, es una mirada al hombre; una confesión sincera: el sexo y la muerte van juntos, unidos por un hilo íntimo cuyo nexo queda prefijado en las personas que se unen.

En la parte de Fate, de 2666, podemos ver algo más: una película, que no sabemos como se llama, ni cómo comienza, pues Fate ha entrado a la película cuando ésta ya llevaba rato de haber comenzado. Tampoco se sabe el final, pues el tipo se quedó a ver esa sola escena y luego se fue.

La escena era así: un tipo blanco es detenido por tres tipos negros, quienes en vez de llevarlo a la comisaría, lo llevan a un aeródromo. Allí se topa con el jefe, que también es negro. El tipo se da cuenta de que son agentes de la DEA. Comienzan a discutir. Llegan a un trato. Después, se asoma por la ventana y ve que una cesna es llevada a una parte del campo de aviación y allí, dos agentes de la DEA, también negros, comienzan a sacar el cargamento, que son panelas de coca y lo arrojan dentro de un tambor que está prendido en candela. Aquella hoguera incinera la droga, lo cual complace a los agentes.

Finalmente, en su complacencia, el agente, con una sonrisa le dice al tipo que se largue. Al hacerlo, la sonrisa se transforma en mueca. Fate se para y va al baño, donde vomita y vuelve a su casa, la casa de su mamá.

En el mismo contexto, aparece otra película: la pornográfica de Robert Rodríguez. Un tal Charly Cruz dice que la tiene, en video y conoce la historia de esa película. Resulta que Rodríguez la filmó dos años antes que El mariachi, cuando nadie daba nada por él y era un “puto chicano muerto de hambre”. Resulta que el cineasta se dedicó vagar entre la frontera de Texas y México, penetró a México en Chihuhua y de allí se fue al sur, directo al DF. Allí se dedicó a drogarse y beber. Cayó en el abismo.

Tan bajo, que se metía en cualquier lugar hasta que cerraban y lo echaban. Luego, comenzó a frecuentar las peluquerías y allí se quedaba hasta que lo echaban a patadas. Llegó el momento en que se fue a vivir a un burdel, en donde conoció a una puta y su chulo, a quien le decían el perno (que es como que te llamen, el verga) con ellos trabó buena amistad y ambos le agarraron cariño. Cuando se emborrachaban, se arrastraban hasta la habitación, aunque más de una vez la puta y el chulo tuvieron que meterlo en la regadera, pues bebía hasta perder el conocimiento.

Resulta que un día en que Robert estaba medio sobrio (algo muy raro, hasta apocalíptico) el perno le dijo que tenía unos amigos que quería rodar una peli. La pregunta era si el creía que podía hacerlo. La respuesta fue contundente y afirmativa “ok, maguey” y luego, como buen productor (que es igual a ser editor, solo que ellos se dedican a las películas) se dedicó de los asuntos prácticos, esos que ni los cineastas ni los escritores saben resolver. O no les da la gana.

El rodaje duró tres días y siempre estaba en órbita cuando se ponía a trabajar. Claro está, como ocurre en la industria pornográfica, los nombres están cambiados. Robert Rodríguez es Johnny Mamerson. La película trata de putas. Putas que son buenas o inteligentes y una de ellas, llamada Justina, termina conociendo a un grupo de vampiros que son policías. Vampiros mexicanos que son policías. La historia se da en el DF. Fate se pasó un montón de detalles, considerando más pertinente si comer o dormir o llevarse alguna mujer. Lo que sí escuchó fue que la película también tiene que ver con pirámides, vampiros aztecas, un libro escrito con sangre y Abierto hasta el amancer la idea recurrente, la pesadilla estética de Robert Rodríguez.

La película empieza con un primer plano de una vieja que mira a la cámara. Se trata de una puta vieja que se está quejando. Luego una habitación donde entra una puta morena que comienza a desvestirse y luego entran tres tipos, que le dicen cosas al oído. Ella está desnuda y los tipos van a montarla, ella se resiste aunque termina cediendo. El gangbang se da así: uno por delante, otro por Detrás y otro por la boca. La puta finge un orgasmo. Los tipos se emocionan. Luego la tipa tiene un orgasmo de verdad, que no estaba planeado y aquello fue mejor recibido y tal fue, que la explosión comenzó, la piel y carne de ellos comenzó a caer hasta que quedaron esos esqueletos, tirando. Luego, una calle en la tarde, ya anocheciendo, azotada por la brisa. Una calle de DF. Llueve. Carros estacionados, gente corriendo para no mojarse. Los edificios están iluminados porque las luces de las habitaciones están encendidas. Todo tan cotidiano, tan obvio, tan molesto.

Aparece otra vez la vieja puta, esta vez con una enorme sonrisa, plena de satisfacción (como diciendo: “vieron? Así es como se tira!) una escalera, edificio de ladrillos. Una habitación, se ve la mesa con vasos y un pote de Nescafé, la cocina donde una sartén exhibe el resto del desayuno: huevos revueltos. Aparece en cámara la lluvia, filmada desde la habitación. Luego en el pasillo, hay una mujer tirada en el piso, semi vestida. En la habitación, dos hombres desnudos durmiendo juntos. La habitación está desordenada. La cámara se detiene en el espejo, inicia el acercamiento. Se acaba la cinta, pero no la película.


lunes, 23 de marzo de 2015

Gay Talese: una visión de los inmigrantes

"A pesar de toda la devoción y obligación que sentía hacia sus seres queridos, yo imaginaba que, cuando mi padre dejó su casa, era un hombre muy egoísta y lleno de rabia, y creo que, cuando vino a vivir a Estados Unidos, fundió toda esa rabia y ese egocentrismo en ese crisol que era una nación movida por millones de hombres parecidos a él, insatisfechos y determinados, originados de Europa, Asia, el Medio Oriente, Suramérica y muchas otras partes... un variopinto grupo de recién llegados que tenían en común el conflicto que experimentaban con el lugar del que habían salido, y que, a diferencia de muchos de los parientes que se habían quedado atrás, tuvieron la audacia y la determinación de decir adiós."

 Gay Telese.(2009). Vida de un escritor. Pág. 270.

viernes, 30 de enero de 2015

Erígone, según Roberto Bolaño

"Entonces Coffeen habló. Me preguntó si conocía la historia de Erígone. ¿Erígone? No, no la conozco, pero me suena, mentí, temerosa de estar metiendo la pata. Por un segundo pensé, desconsolada, que me iba a hablar de un antiguo amor. Todos tenemos un antiguo amor del que hablar cuando ya nada se puede decir y está amaneciendo. Pero resultó que Erígone no era un antiguo amor de Coffeen sino una figura de la mitología griega, la hija de Egisto y Clitemestra. Esa historia sí que me la sé. Sí que me la sabía. Agamenón se va a Troya y Clitemestra se hace amante de Egisto. Cuando Agamenón regresa de Troya Egisto y Clitemestra lo asesinan y luego se casan. Los hijos de Agamenón y Clitemestra, Electra y Orestes, deciden vengar a su padre y recuperar el reino. Esto los lleva a asesinar a Egisto y a su propia madre. El horror. Hasta allí llegaba yo. Coffeen Serpas llegaba más lejos. Habló de la hija de Clitemestra y Egisto, Erígone, hermanastra de Orestes, y dijo que era la mujer más hermosa de Grecia, no por nada su madre era hermana de la bella Helena. Habló de la venganza de Orestes. Una hecatombe espiritual, dijo. ¿Sabes lo que significa una hecatombe? Yo identificaba esa palabra con una guerra nuclear, así que preferí no decir nada. Pero Coffeen insistió. Un desastre, dije, una catástrofe. No, dijo Coffeen, una hecatombe era el sacrificio simultáneo de cien bueyes. Viene del griego hekatón, que significa cien, y de bus, que significa buey. Aunque en la antigüedad están registradas algunas hecatombes de quinientos bueyes. ¿Te lo puedes imaginar?, dijo. Sí, yo me puedo imaginar lo que sea, le contesté. Cien bueyes sacrificados, quinientos bueyes sacrificados, el humo de la sangre se debía de oler a distancia. Los participantes se mareaban en medio de tanta muerte." 
 (...)

Y así supe que tras el asesinato de Egisto, Orestes se proclamó rey y los seguidores de Egisto tuvieron que exiliarse. Erígone, sin embargo, permaneció en el reino. Erígone, la inmóvil, dijo Coffeen. Inmóvil ante la mirada vacía de Orestes. Sólo su extrema belleza consigue aplacar por un instante el furor homicida de su hermanastro. Una noche, perdido, Orestes se mete en su cama y la viola.
Con las primeras luces del día siguiente Orestes despierta y se acerca a la ventana: el paisaje lunar de Argos le confirma lo que ya presentía. Se ha enamorado de Erígone. Pero quien ha matado a su madre no puede amar a nadie, dijo Coffeen mirándome a los ojos con una sonrisa calcinada, y Orestes sabe que Erígone es veneno para él, además de llevar en sus venas la sangre de Egisto, indicios suficientes para conducirla a la inmolación. Durante días, los seguidores de Orestes se dedican a perseguir y a eliminar a los seguidores de Egisto. Por las noches, como un drogadicto o como un teporocho (los símiles son de Coffeen), Orestes acude a la recámara de Erígone y se aman. Finalmente Erígone queda embarazada. Avisada Electra, se presenta ante su hermano y le hace ver los inconvenientes de tal situación. Erígone, dice Electra, dará a luz a un nieto de Egisto. En Argos ya no queda varón ninguno que lleve la sangre del usurpador, ¿ha de permitir Orestes que surja, por su debilidad, un nuevo brote del árbol que él mismo se encargó de talar? Pero también es mi hijo, dice Orestes. Es el nieto de Egisto, insiste Electra. Así que Orestes acepta los consejos de su hermana y decide matar a Erígone.
Sin embargo aún desea acostarse con ella una última vez y aquella noche va a visitarla. Erígone no sospecha nada y se entrega a Orestes sin miedo. Aunque es joven, no le ha costado mucho aprender cómo debe tratar la locura del nuevo rey. Lo llama hermano, mi hermano, le suplica, por momentos finge verlo y por momentos finge sólo ver una silueta oscura y solitaria refugiada en un rincón de su recámara. (¿Así era como Coffeen interpretaba un deliquio amoroso?) Un Orestes embrutecido, antes de que amanezca, le confiesa su plan. Le propone una alternativa. Erígone debe abandonar Argos esa misma noche. Orestes le proporcionará un guía que la sacará de la ciudad y la llevará lejos. Erígone, horrorizada, lo contempla en la oscuridad (ambos están sentados en cada extremo del lecho) y piensa que en las palabras de Orestes se esconde su sentencia de muerte: el mismo guía que su hermano dice estar dispuesto a proporcionarle será quien ejecute la sentencia.
El miedo la hace decir que prefiere permanecer en la ciudad, cerca de él.
Orestes se impacienta. Si te quedas aquí te mataré, dice. Los dioses me han trastornado. Habla de su crimen, una vez más, y habla de las Erinias y de la vida que pretende llevar cuando todo se aclare en su cabeza e incluso antes de que todo se aclare en su cabeza: vivir errantes, él y su amigo Pílades, recorriendo Grecia y convirtiéndose en leyenda. Ser beatniks, no estar atados a ningún lugar, hacer de nuestras vidas un arte. Pero Erígone no entiende las palabras de Orestes y teme que todo obedezca a un plan sugerido por la cerebral Electra, una forma de eutanasia, una salida hacia la noche que no manche de sangre las manos del joven rey."

(...)

"Así que Orestes estuvo toda la noche hablando con Erígone y en esa noche desnudó su corazón como nunca antes lo hiciera y al final, poco antes de que amaneciera, Erígone se dejó convencer por tantas y tan bien esgrimidas razones y aceptó el guía que Orestes le ofrecía y partió de la ciudad con las primeras luces del alba.
Desde una torre Orestes la vio alejarse de la ciudad. Después cerró los ojos y cuando los abrió Erígone ya no estaba en ninguna parte."

Amuleto. (1999). Roberto Bolaño.

jueves, 29 de enero de 2015

Alea jacta est

Una frase bastante poderosa que se presta a todo tipo de malas interpretaciones... y malas grafías. Un necio quiso discutirme "corrigiendo" la manera incorrecta en como había escrito la frase. Sin ánimos de contestarle a los necios, sí mucha gente me ha preguntado qué significa esa frase, de dónde viene, por supuesto cómo se escribe y su sentido, su trascendencia.

El uso correcto es "Alea jacta est". Esto es en latín, una lengua negada a morir. La conservación escrita de la frase, por Seutonio confirma esta escritura. También se ha conservado el pasaje con esta escritura: "Allea jacta est" y también: "Alea iacta est"; siendo esta última versión la más popular pero la menos precisa. 


Gramaticalmente está integrada por el nominativo alea, que significa dados, y el pretérito perfecto pasivo jacta que significa ha sido echada y el verbo ser en conjugación presente: est. Literalemente, la frase debería ser "los dados están echados".

En realidad es un asunto de confusión: los valores de /i/ y /j/; en el latín, durante la edad antigua eran lo mismo. De hecho, la /j/ viene de la letra griega /iota/ que es una /i/ larga, distinta de /ipsilon/ que es un sonido mucho más breve. Sin embargo, aunque los griegos sí tenían dos letras distintas para distinguirlas, los romanos y los usuarios del latín no desarrollaron una letra distintiva para /j/; así que se escribía indistintamente /i/ y /j/; la regla para saber cuál sonido era el consonante y cuál el vocal estaba en el habla, pues escrita se asumía que tenía ambos valores, de vocal y consonante. 

Esta confusión duró bastante tiempo, pues /J/ fue la última letra que se incorporó al alfabeto latino, por parte de Pierre de la Ramée (1515-1572), para distinguirla del valor fonético que había desarrollado la /Iota/ en las lenguas romances. Es decir, si no surgen el español, francés, catalán o rumano; las cosas se hubieran quedado igual.

El enredo latino sigue. Sí se usaba la /j/ como variante caligráfica de la /i/, es decir, una "i" con una califa (o al decir vulgar, "el rabo" de la letra) alargada. Se usaba en la numeración romana al final de un número, cuando éste terminaba con más de una /i/; por ejemplo: "23" en numeración romana, se escribía "xxiij". 

Hay que recordar algo sobre el latín, que es algo generalizado con la cultura romana: se formaron de la imitación de un modelo mayor. Los romanos tomaron todo, incluyendo las palabras, de los griegos y simplificaron todo para hacerlo funcional y versátil a sus necesidades. El lujo del romano era más bien, sonar como griego.

¿Qué significa? Julio César, según Seutonio, dijo esta frase en el momento que iba a cruzar el río Rubicón, límite entre la Galia Cisalpina e Italia, lo cual era ilegal para cualquier legión romana; pues sólo podían entrar como civiles. 


Esto fue un acto de rebelión contra la autoridad del Senado y dio comienzo a la guerra civil contra Pompeyo, conflicto donde el rebelde salió victorioso (pero eso es otra historia). 

Según algunas versiones, en lugar del participio pasivo "jacta", César usó el imperativo "jaci": echa. Es decir, "echa la suerte".

existe una segunda versión sobre el origen de la palabra. Plutarco, tomó la frase de un verso del comediógrafo griego llamado Menandro, cuya frase en griego ανερριφθω κυβος, que literalmente traduce al latín como "jacta esto alea" y ya situado en el texto la significación total del pasaje queda así: "los dados están echados, esperemos ahora la suerte".

Quien usa esta fórmula ha tomado el riesgo y pasado el punto de no retorno. Es decir, como el jugador que ha apostado todo a una tirada de dados, o sus mejores cartas o al caballo; no puede retroceder, retractarse. La frase implica dar un paso irrevocable, arriesgando o confrontando situaciones tan trascendentales como adversas. Tomar una decisión extrema después de haber pensado bastante.